POLSTER: DA ÁUSTRIA A SEVILHA

10 de Outubro de 2020

“El polvo incalculable que fue ejércitos”. (Borges)

Ha pasado demasiado tiempo. Tanto que hablamos de 30 años. Es la distancia que ha recorrido mi
memoria futbolística, hablo de la generada de veras.
De antes recuerdo detalles. Por ejemplo, de mi primera vez en un estadio para ver a la selección
española, a Emilio Butragueño marcar goles a País de Gales compartiendo el mismo asiento con mi
padre. Más visible se me hace la Eurocopa de 1988, no es para menos: Van Basten, Gullit, Dasaev,
Lineker, Kevin Moran, Vialli... Pero tengo grabado a fuego mi despertar para el fútbol, eso pasó en la
temporada 1989/90, una temporada que tiene un nombre claro: Toni Polster.
Héctor Scotta, Daniel Bertoni, Davor Suker, Iván Zamorano, Luis Fabiano, Frédéric Kanouté... La
historia del Sevilla FC está plagada de ilustres goleadores internacionales, pero claro, no hubo ninguno
como Toni Polster. Al menos, eso pensamos los que lo vimos jugar en directo en el Estadio Ramón
Sánchez Pizjúan.

 

 

 

 

 

Carismático, implacable, nos facilitó una realidad que pocos habíamos visto en un equipo que, por
entonces, raramente consiguió jugar en Europa. Quedaban como quince años para que cambiara la
historia del club a base de conquistar títulos, pensarlo si quiera, parecía imposible.
Con sus 187 centímetros, a los ojos de un niño, parecía un gigante. Lo era desde antes de su llegada,
cuando los diarios hablaban que el Sevilla ficharía a un delantero austríaco que disputaba la liga italiana
en las filas del Torino.

Años atrás había sido Bota de Plata (aún no se le había retirado el trofeo, logrado a base de trampas, a
Rodion Cămătaru) y Bota de Bronce, su fama le precedía.
Ilusionaba su llegada a un equipo que en 1987/88 había finalizado en la décima posición. Eran otros
tiempos. Hablamos de ligas en las que los triunfos solamente valían dos puntos y en las que la
presencia de los jugadores extranjeros se limitaba a tres. Por lo tanto, el éxito de un grupo dependía en
gran medida de que sus foráneos consiguieran marcar la diferencia.
En este sentido, su llegada coincidió con otros dos grandes mitos del fútbol. Hablamos del guardameta
soviético Rinat Dasaev y del centrocampista uruguayo Pablo Bengoechea.

En su primera temporada, nada en especial, hizo 9 goles y el equipo finalizó en la novena posición. Sin
embargo, en 1989/90, llega la clasificación europea para el equipo y el mejor año como profesional para
Polster. Casi logró ser “Pichichi” y el equipo se clasificó para jugar competición europea por séptima vez
en su historia.
Hombres como Diego Rodríguez, Manolo Jiménez o Rafa Paz, ponían la garra; Conte y Carvajal, el
arte, para que Polster cantara gol una y otra vez. Por lo tanto, los de Vicente Cantatore tocaron la gloria,
es decir, un sexto puesto que sabía muy muy bien.

El Toni Polster de la temporada 1989/90 no ha sido igualado en los más de cien años de historia del
club sevillista. Sus 34 goles en liga, oficialmente 33, debido a un gol no concedido ante el Real Oviedo,
suponen una marca que nadie en el equipo andaluz ha logrado. De hecho, casi nadie en toda la historia
de la liga lo ha hecho. Y es que, solamente ha habido 15 vencedores del trofeo “Pichichi” con 34 goles o más. Hablamos de Zarra (en dos ocasiones), Hugo Sánchez (dos veces), Baltazar, Ronaldo Nazario, Cristiano Ronaldo
(dos veces), Leonel Messi (seis veces) y Luis Suárez.

Con esta estadística, Polster hubiera sido el máximo goleadores en 75 de las 90 ediciones que se han
disputado en la historia de la liga. Sin embargo, esa temporada compitió con un excelso Hugo Sánchez
que anotó 38 siendo la guinda del pastel de ese Real Madrid de la “Quinta del Buitre”.
Tampoco ayudó el perderse la última jornada por sanción. Seguramente el intrascendente Sevilla 0-1
Real Sociedad hubiera tenido otro desenlace. Aunque nunca lo sabremos.
La temporada siguiente fue la última en el club. Llegó Iván Zamorano que lo acompañó en la punta, pero
el equipo bajó un peldaño y fue octavo. Vivimos noches europeas de éxito, me refiero a la tanda de
penaltis en Grecia, ante el PAOK y la frustración de caer eliminados ante el Torpedo de Moscú en una
lluviosa noche.

Eran nuestras posibilidades, nuestras batallas por entonces. Ya no fue el mismo Polster que habíamos
visto, pero todavía hizo 13 goles en liga (en un año que Butragueño, con 19, fue el máximo artillero).
Fue su último año con nosotros. Siguió haciendo goles hasta su retirada, pero no con nuestra camiseta.
Representó a Logroñes, Rayo Vallecano, Colonia, Borusia Mönchengladbach y Casino Salzburgo. Con
34 años, se permitió el lujo de marcar en un Mundial y en su última temporada incluso levantó un título.

En el tramo final de su carrera, hizo un trabajo increíble en la Bundesliga, incluso pudo volver al Sevilla
FC. Se habló mucho en la prensa y las partes lo reconocieron. Pudo haber sido un bonito final, por otra
parte, ha sido ideal dejar las cosas como quedaron. Polster dejó una marca imborrable y no hay nada
que pueda mejorarlo.

Texto: José María Nolé.